La historia de Juan Antonio Guillén Jiménez, conocido cariñosamente como ‘Er Guillén’, es un ejemplo de resiliencia, dedicación y amor por su comunidad. La noticia de su jubilación como vendedor de la ONCE el próximo 5 de julio no solo marca el final de una etapa laboral, sino que también refleja su profunda conexión con su barrio, su fe y su lucha personal contra la adversidad.
Un legado en el Cerro del Águila
Después de 14 años vendiendo cupones en El Cerro del Águila, la jubilación de Guillén es un evento que ha resonado en toda la comunidad. No es solo un vendedor más de la ONCE, sino un pilar en su barrio, conocido por su simpatía y carisma. Su quiosco, adornado con carteles de despedida que expresan su agradecimiento, es un símbolo del afecto que ha cultivado a lo largo de los años.
Al igual que muchos en su situación, su jubilación podría ser vista como un simple paso hacia otro capítulo de la vida, pero el impacto que ha tenido en sus clientes y en su comunidad es innegable. A través de su trabajo, ha dejado una huella imborrable en cada rincón del barrio, convirtiéndose en un amigo y confidente para muchos de los que han pasado por su quiosco.
Un viaje de superación personal
Guillén, antes de unirse a la ONCE, trabajaba como auxiliar técnico ortopédico, una labor que le enseñó el valor de la dedicación. Sin embargo, su vida dio un giro inesperado cuando se vio obligado a enfrentar serias complicaciones de salud. La hepatitis C, producto de transfusiones, y varios procedimientos quirúrgicos marcaron el inicio de su lucha contra la enfermedad.
- Intervenciones quirúrgicas en su pie, que lo llevaron a enfrentar la hemofilia.
- Diagnóstico de cáncer de hígado y cáncer en el tórax, que requieren tratamientos regulares.
- Un compromiso inquebrantable con su trabajo a pesar de sus problemas de salud.
Su determinación lo llevó a continuar trabajando en la ONCE, a pesar de las dificultades. La conexión que siente con su labor ha sido fundamental para su salud mental y emocional. «Para mí el trabajo es salud», afirma Guillén, reflejando su profunda apreciación por el apoyo que ha recibido de sus compañeros y superiores.
Compromiso con la comunidad y la fe
La vida de Juan Antonio se encuentra intrínsecamente ligada a su papel como capataz en varias hermandades de Sevilla, donde la tradición y la fe son pilares fundamentales. Su compromiso con la Hermandad de la Redención y la de la Virgen de los Dolores lo han convertido en una figura respetada y querida en el mundo cofrade de Sevilla.
Guillén ha liderado procesiones durante casi cinco décadas, y su conocimiento del mundo cofrade es vasto. Ha sacado a la Virgen del Patrocinio de la Hermandad del Cachorro de Triana, así como al Cristo del Buen Fin, siendo un referente para muchos. Esta conexión con la fe no solo le brinda fortaleza, sino que también lo une a su comunidad, creando lazos que trascienden lo espiritual.
Un hombre de humor y música
Más allá de sus responsabilidades como vendedor y capataz, Guillén es un apasionado de la música. Durante 22 años, dirigió el Coro de Campanilleros del Cerro, y actualmente toca la bandurria en el coro de Bormujos. Esta faceta artística refleja su carisma y su capacidad para conectar con las personas a través de la música, lo que también forma parte de su filosofía de vida.
Su sentido del humor es otro aspecto que lo define. Con una frase ingeniosa y una risa fácil, Guillén sabe cómo abordar la vida con una actitud positiva. «La vida hay que vivirla así, si no te ríes ¿qué haces?», dice, mostrando su perspectiva optimista incluso en medio de las adversidades que ha enfrentado.
Relaciones personales y el impacto en los clientes
La relación de Juan Antonio con sus clientes trasciende la simple transacción comercial. Para muchos, es un confidente, un amigo y, en ocasiones, un terapeuta. «Parecería que soy psicólogo en vez de cuponero», comenta, reflejando la confianza que sus clientes depositan en él. Este tipo de conexión personal es crucial en un ambiente donde la empatía y la comprensión son esenciales.
- Proporciona apoyo emocional a sus clientes en momentos difíciles.
- Crea un ambiente familiar en su quiosco, donde todos se sienten bienvenidos.
- Su capacidad para escuchar lo convierte en un referente en la comunidad.
En cada conversación, Guillén no solo vende cupones, sino que también construye relaciones que enriquecen la vida de quienes le rodean. Esto se ha vuelto evidente en su despedida, donde muchos clientes se han acercado a expresar su gratitud y su tristeza por su partida.
Un futuro incierto pero lleno de esperanza
A medida que se acerca el día de su jubilación, Juan Antonio reflexiona sobre lo que vendrá. Sus enfermedades han hecho que planificar a largo plazo sea un desafío, pero su espíritu optimista sigue intacto. «Voy a estar entretenido y seguiré jugando al Cuponazo con mi familia», dice con una sonrisa, mostrando su disposición para enfrentar lo que le depare el futuro.
A pesar de sus preocupaciones por la salud y el rumbo del mundo, Guillén mantiene un mensaje claro: la salud es lo más importante. «Tener salud lo mueve todo», afirma, resaltando la necesidad de disfrutar cada momento con los seres queridos.
Reconocimiento y despedida
En el marco de su despedida, Juan Antonio ha recibido un reconocimiento por parte de la subdelegada en Andalucía, Ceuta y Melilla, quien le entregó un ramo de flores en agradecimiento por su ejemplo de superación y compromiso. Este gesto es un reflejo del impacto que ha tenido en la comunidad y en la ONCE.
La frase «se nos jubila Er Guillén» ha resonado en el Cerro del Águila, un testimonio del cariño y respeto que ha cosechado a lo largo de los años. Su legado perdurará no solo en la memoria de quienes lo conocen, sino también en la forma en que ha tocado las vidas de tantos en su comunidad.


























