La lucha contra la corrupción es un tema que ha tomado protagonismo en el ámbito político y empresarial en los últimos años. Recientemente, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha implementado un ambicioso “Plan de Choque” que promete transformar la manera en que se combate este fenómeno. Este nuevo enfoque ha generado tanto expectativas como preocupaciones entre empresarios y expertos en cumplimiento normativo.
Detalles del nuevo plan anticorrupción
El plan presentado la semana pasada incluye un conjunto de quince medidas diseñadas para fortalecer la transparencia y combatir los delitos relacionados con la Administración Pública. Entre las iniciativas más destacadas se encuentran:
- Creación de juzgados especializados en casos de corrupción para acelerar los procesos judiciales.
- Refuerzo de la Fiscalía Anticorrupción, dotándola de más recursos y competencias.
- Endurecimiento de las sanciones a las empresas implicadas en prácticas corruptas, lo que incluye multas más severas.
Estas acciones buscan no solo castigar a quienes cometen delitos, sino también disuadir a futuros infractores. Sin embargo, este enfoque ha suscitado críticas sobre su posible impacto en el tejido empresarial.
Las preocupaciones de los empresarios
Felipe García Hernández, socio director de Círculo Legal y vocal en la Junta Directiva Internacional de la World Compliance Association, ha expresado su preocupación respecto a este plan. Según él, se trata de “una nueva vuelta de tuerca contra el empresario”, lo que significa un aumento en las obligaciones y cargas regulatorias para las empresas.
García Hernández sostiene que “el gran damnificado vuelve a ser el empresario”, quien se enfrenta a un entorno cada vez más complejo, caracterizado por:
- Aumento de las multas, que ahora se calcularán sobre los ingresos anuales de las empresas.
- Inclusión en listas negras que pueden excluir a empresas de la contratación pública.
- Carga regulatoria creciente, que puede afectar la competitividad.
Esto podría generar un clima de desconfianza en el sector empresarial, llevando a algunas compañías a considerar la deslocalización, como ha sucedido con Ferrovial, que optó por abandonar España ante la burocracia creciente y la inseguridad jurídica.
Percepción de la corrupción en España
El contexto en el que se presenta este plan también es relevante. Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2023 de Transparency International, España obtuvo una puntuación de 60 sobre 100, por debajo de la media europea. Este dato resalta la necesidad de una intervención efectiva y sostenida en el tiempo.
García Hernández argumenta que, para lograr cambios reales, la Administración debería liderar con el ejemplo. Esto incluye:
- Incorporar figuras de compliance officer en sus órganos.
- Mejorar la transparencia de forma tangible, no solo en documentos.
- Fomentar un ambiente colaborativo entre el sector público y privado.
Riesgos de la reforma judicial
El plan también contempla modificaciones en el sistema judicial, como la creación de juzgados especializados y la atribución de la instrucción penal al Ministerio Fiscal. García Hernández considera que este cambio es arriesgado, dado que la Fiscalía actualmente enfrenta una crisis reputacional.
La transición de responsabilidades podría generar dudas sobre la independencia y la eficacia del proceso judicial en casos de corrupción, lo cual es fundamental para mantener la confianza pública. La percepción de imparcialidad es crucial, y cualquier cambio que ponga en entredicho esto puede ser perjudicial.
Falta de medidas concretas en la contratación pública
A pesar de las ambiciosas propuestas, el experto critica la falta de un desarrollo efectivo de la Autoridad Independiente de Protección al Informante. Esto podría resultar en una falta de protección adecuada para quienes denuncian irregularidades. Además, no se han presentado medidas concretas en el ámbito de la contratación pública, lo que representa una “oportunidad perdida” para establecer controles internos efectivos en la Administración.
García Hernández cree que esto podría fortalecer la protección a los denunciantes y fomentar un entorno más transparente y responsable. Sin embargo, sin acciones concretas, el avance en este terreno se ve limitado.
Transparencia y controles patrimoniales
El relanzamiento del Portal de Transparencia y el aumento de los controles patrimoniales sobre altos cargos y partidos políticos son otras de las medidas incluidas en el plan. A pesar de su buena intención, García Hernández advierte que podrían transformarse en un “compliance cosmético”, que suena atractivo en teoría pero carece de aplicación práctica real.
Para que estas medidas sean efectivas, es esencial que se implementen con rigor y que exista un seguimiento continuo para evaluar su impacto. Solo así se podrá garantizar que la lucha contra la corrupción no sea solo una serie de promesas vacías, sino un compromiso real por parte de la Administración.
El camino hacia una verdadera lucha anticorrupción
La implementación de este “Plan de Choque” puede ser un paso significativo en la lucha contra la corrupción. Sin embargo, es crucial que se lleve a cabo de manera que no penalice innecesariamente al empresariado, sino que fomente un entorno en el que la ética y la transparencia sean la norma.
Para lograr un cambio real, es vital que todas las partes interesadas —gobierno, empresas y sociedad civil— trabajen juntas. Al final, la verdadera lucha contra la corrupción no solo depende de medidas punitivas, sino también de la construcción de una cultura de integridad que perdure en el tiempo.


























